lunes, 14 de noviembre de 2011

De cuando Biruvito visitó la cuenca del Amazonas y lo que allí aconteció (2): Biruvito contra los monos salvajes de Misahuallí

Quizá a las gentes de la selva profunda, Tena les parezca el colmo de la civilización, pero a Biruvito la primera impresión que le causó fue que, más que una ciudad, era apenas un enclave con calles asfaltadas a medias. Por eso, tras un frugal desayuno decidió tomar un bus que le llevara hasta Puerto Misahuallí y de allí coger un furgoneta hasta el Lodge. Tras media hora de duermevela pasando por puentes atirantados de dudoso mantenimiento, llegó finalmente a su destino, el último coletazo de urbanismo antes de la selva.

El problema es que en 5 minutos ya se había recorrido sus 3 calles y conocía a la perfección las cafeterías, el cybercafé y el puerto, que se encontraban todos ellos cerrados a las 8 de la mañana. El tipo que alquilaba su anaconda por 1 $ a los turistas para que se hicieran fotos con ella tampoco parecía haber madrugado tanto y, a bien seguro, todavía ni había drogado al reptil para que fuera más dócil y se dejara manosear por los forasteros sin que éstos terminaran en su ofidia barriga como merecían.



Así que se sentó en un banco del parque, esperando ese incierto punto en el tiempo en el que los ecuatorianos deciden que ya es hora de aparecer y que, como mínimo, tiene lugar 15 minutos después de lo apalabrado. En ese momento, surgieron ante sus ojos unos inquietantes seres antropomórficos saltando y dando botes. Eran los famosos monos ladrones de Misahuallí, conocidos en el mundo entero por sus andazas de rateros. Según cuentan los locales, son expertos en la sustracción de objetos de los turistas, que luego se encargar de intercambiar con los tenderos del lugar a cambio de comida.

Aunque por lo que vio Biruvito, más que monos ladrones, eran unos auténticos monos cabrones. En el intervalo que estuvo allí, comprobó cómo se dedicaban a chincharse unos a otros trepándose, golpeándose, agarrándose del pelo, hasta que se cansaron y empezaron a putear a un perro que pasaba por ahí, tirándole del rabo mientras otro mono le distraía.



Pero la gota que colmó la paciencia de nuestro protagonista fue el siguiente incidente: una inocente muchacha, cuya presencia no había pasado inadvertida para Biruvito, jugaba alegremente con los primates sin saber lo que le esperaba. Uno de ellos se subió encima de la chica, lo que ella celebró pensando en algún tipo de hermanamiento homínido, sin sospechar que, en un lance traicionero, el mono iba lanzar un certero mordisco sobre su mano derecha para hacerse con su botellín de agua. Aquí fue cuando Biruvito intervino heroicamente como solo un valiente podría hacer: echándole un grito al mono, que salió huyendo liberando a la doncella de sus garras, para después abrir el botellín y desparramar su contenido encima. Así actúa un verdadero caballero defendiendo a una dama, pero ¿quién era esta delicada mujer? ¿qué le había llevado hasta allí? Pronto lo sabremos amiguitos…

2 comentarios:

nora dijo...

Qué curioso ... esos monos ladrones hacen lo mismo que los monos de Nikko.
La doncella debe ser la presidenta del Fanclub :P
Besitos**

Marta dijo...

jajajaja! monos cabrones :-) jajaja!!