domingo, 18 de octubre de 2009

El Escorpión de Christa Reinig

Era apacible y amistoso. Sus ojos se encontraban muy juntos. Eso denotaba picardía. Sus cejas se unían sobre la nariz. Eso denotaba cólera. Su nariz era larga y afilada. Eso denotaba curiosidad inquieta. Sus lóbulos estaban pegados. Eso denotaba adicción a la delincuencia. ¿Por qué no te mezclas con la gente? le preguntaban. Se observaba en el espejo y apreciaba una mueca cruel alrededor de la boca. No soy una buena persona, decía. Se sumergía en sus libros. Cuando los hubo leído todos, tuvo que mezclarse con la gente, para ir a comprarse un libro nuevo. Ojalá no haya ninguna desgracia, pensaba y se mezcló con la gente. Una mujer le habló, pidiéndole que le cambiara un billete. Como era miope, tuvo que cambiarlo y descambiarlo varias veces. El Escorpión pensó en sus ojos, que se encontraban muy juntos, y desistió de ganar dinero como un pícaro. En el tranvía un extraño le pisó y le insultó en un idioma extranjero. El Escorpión pensó en sus cejas unidas y obvió los insultos, que como no había entendido, interpretó como una petición de perdón. Se bajó del tranvía, y delante de él se encontró un maletín en la calle. El escorpión pensó en su nariz y no se agachó y no se giró.

En la librería encontró un libro que le hubiera gustado tener. Pero era demasiado caro. Lo podría haber deslizado en el bolsillo de su chaqueta. El escorpió pensó en sus lóbulos y volvió a colocar el libro en la estantería. Escogió otro. Cuando fue a pagar, otro cliente le dijo: ése es el libro que busco desde hace años. Ahora tendré que seguir buscando. El Escorpión pensó en su mueca cruel y dijo: Tome usted el libro. He cambiado de opinión. El cliente rompió a llorar. Apretó el libro con ambas manos contra su pecho y se marchó. Es un buen cliente, dijo el librero, pero aún tengo algo para usted. Escogió de la estantería el libro que tanto le había gustado al Escorpión. El Escorpión lo rechazó: No me lo puedo permitir. Sí que puede, dijo el librero, un buen acto con otro se paga. Ponga usted el precio. El escorpión rompió a llorar. Apretó el libro con ambas manos contra su pecho, y como no tenía nada más libre, le ofreció al librero para despedirse su aguijón. El librero dió un apretón al aguijón y cayó muerto.

6 comentarios:

Biruvito dijo...

Es un relato breve que leí en clase en 2º de BUP y que me he vuelto loco buscando. No lo he encontrado en español así que al final lo he traducido yo, espero que no cante mucho.

mya dijo...

Da yuyu

estretxi dijo...

Algo importante te hizo sentir para que 20 años despúes lo estes buscando, anda cuentanos!!!!!!

nora dijo...

Me gustó la historia pero ... el último renglón ...
¿Eso es todo? ¿No continúa?
Besitos**

galET dijo...

Pues yo creo que el final no podía ser más perfecto.

Biruvito dijo...

@mya, yuyu? a mí no

@estretxi, algo será sí

@nora, continúa en tu cabeza

@galET, estoy de acuerdo!