domingo, 12 de abril de 2009

Por qué leo yo (4)

Razón número 5: La lectura es una comunicación directa con el autor

En el cine, desde que el guionista concibe la historia hasta que llega a la pantalla, pasa por un millón de filtros, el director, los actores, la productora... Todo el mundo mete mano en el resultado final y la película termina no siendo ni sombra de lo que era originalmente. Ha sido reformada, moldeada y censurada para que sea un producto de consumo cuanto más rentable mejor y a ser posible políticamente correcto.

En la escritura el escritor es el creador directo del producto final, sin filtros ni limitaciones. No necesita grandes medios ni presupuesto que coharten su libertad, con un simple lápiz y un papel se pueden escribir obras maestras. Ni extras, ni auxiliares de fotografía, ni efectos especiales. Es una comunicación directa y pura entre escritor y lector, sin apenas intermediarios. Eso permite que las narraciones sean mas íntimas y personales unas veces o más bestias y políticamente incorrectas otras.

Además al ser tan sencilla en su creación permite que cualquiera lo imite, coja un papel, un folio y se convierta en un pequeño aprendiz de literato. Imaginad que fuera tan sencillo hacer tu propia película.

Razón número 6: Leer es comunicarse con la historia

La mayoría de las historias están contadas ya hace miles de años desde la Odisea hasta las obras de Shakespeare. Las historias de hoy en día no son más que meras variaciones de esas historias y sino, fijaos cuantas películas son remakes de películas antiguas.

Y es que por mucho que cambien los tiempos, el ser humano sigue siendo el mismo, con sus celos, envidias y pasiones y aunque que nos empeñemos las variantes son limitadas. Leer literatura antigua es ir a la raíz de esas historias, donde nacieron, y conocerlas de primera mano.

Durante mucho tiempo los libros fueron los documentales, el tomate, el james bond e incluso el porno para mucha gente. Cuando no había ni internet, ni radio, ni televisión la gente se entretenía leyendo la misma clase de cosas que ahora adquirimos por otros medios. Renunciar a todo eso es ignorar todo lo que sucedió antes de la era audiovisual y, si lo hicieramos, nos perderíamos un montón de cosas interesantes, porque aventuras, cotilleos jugosos y sexo los ha habido siempre.

Y sino releer a Jack London, Proust o el Marqués de Sade y veréis que los Indiana Jones, Jorge Javieres y Elenas Ochoas palidecen a su lado.