Uno de los primeros temas que toca es de los de los museos. Para Tusquets, patearse museos durante horas y horas produce una saturación sin sentido, especialmente en las sensiblidades no habituadas. Al cabo de 20 cuadros de la escuela flamenca del siglo XVII ya no sabes ni dónde meterte, ¿por qué prolongar la agonía durante horas? Tusquets aboga por los museos pequeños que se puedan visitar en un tiempo prudencial y da una lista preciosa con museos de todo el mundo como la Casa-Museo de Sorolla en Madrid, el Teatro- Museo Dalí en Figueres y la Casa-Museo de Soane en Londres.
Yo fuí a la Casa-Museo de Soane y fue una experiencia genial. Un edificio muy interesante con una colección de arte en su interior preciosa. Se veía en el tiempo justo y salías con la sensación de haber estado en contacto con la belleza, no con la cabeza como un bombo de recorrer salas y salas llenas de pinturas.Otro método que suelo utilizar yo cuando visito museos es o bien visitarlos a todo hostia, solo parándome en algún cuadro que me suene o me interese o visitar sólo un par de salas. Una de mis mejores visitas al Prado fue una vez que fui en una huelga general y sólo tenían abiertas las salas de Goya, Velázquez y el Greco. Para qué más. Si quiero ver más, ya lo iré visitando poco a poco. Para qué me voy a meter el atracón si al final no me voy a acordar de nada.
Tusquets también defiende el valor de las reproducciones y de los museos de reproducciones. Para él la importancia que se da a los originales tiene algo de fetichismo, sobre todo para los que no somos superexpertos en arte. ¿Cuantas personas serían capaces de diferenciar entre el Moises original y el que se encuentra en el Museo de Reproducciones de Bilbao?Grande Tusquets, otro día sigo hablando del libro.
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