lunes, 15 de marzo de 2010

Biruvito en Brasilia

Brasilia es sin duda la ciudad más fotogénica en la haya estado jamás, aunque más que una ciudad parezca el sueño de una oveja androide o la paranoia de un racionalista subido de tripi. Pero aún más alucinante que su arquitectura o su gestación y parto prematuro en 1960, es que pase tan desapercibida en los itineriarios turísticos o en el imaginario colectivo.

La idea de llevar la capital al interior del país rondaba la cabeza de los estadistas brasileños desde el siglo XVIII. La población y el desarrollo del país se concentraban en la costa mientras el cerrado languidecía. Sólo unos chalados como Juscelino Kubitschek y su panda de amigotes pudieron llevarlo a cabo en apenas 5 años, convirtiendo un terreno anodino de la savana brasileña ( y no del amazonas como yo pensaba) en el símbolo del Brasil moderno del siglo XX.

Y ahí sigue 50 años después, tan esplendorosa y lozana como el primer día, paraíso burocrático artificial de edificios imponentes y carreteras inmensas. Brasilia para dar y tomar. ¿Tendrá razón Goya en lo de que El sueño de la razón produce monstruos? He aquí la cuidad monstruosamente monumental de los hombres.

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