viernes, 28 de enero de 2011

Viajar con un arquitecto

Mucha gente me ha dicho que le encantaría viajar con un arquitecto porque tiene que ser el guía perfecto. Se imaginan un paseo lleno de anécdotas curiosas sobre los distintos edificios del camino, explicaciones reveladoras de los estilos artísticos y bonitas casas que antes pasaban desapercibidas y ahora muestran la belleza ante sus ojos. Siento decepcionaros, profanos en el mundo de los arquitectos, pero os vais a llevar un gran chasco. Y lo sé de buena tinta porque he viajado muchas veces con arquitectos.


Si os embarcais en conocer una ciudad con ellos, lo que os espera es colaros en casas ajenas hasta que os echen, edificios horribles que jamás pensaríais que pudieran gustar a nadie y una pateada infernal por barrios chungos llenos de delincuentes.

Tengo una amigo que no soy yo que se echó una novia de Barcelona. Ella emocionada le invitó a que conociera la ciudad a lo que él aceptó gustoso. Nada más llegar, el primer edificio que visitaron fueron este "Dispensario Central Antituberculoso" de José Luís Sert, lo cual la dejó bastante perpleja, pero lo peor vino luego cuando tomaron el metro hasta las afueras para visitar este otro parque y sobre todo cuando se metieron en un autobús lleno de yonkis para llegar a este cementerio del que no había oído hablar en su vida. Y es que amigos, viajar con un arquitecto no es una cosa placentera, es algo que se hace por devoción a la profesión y como tal fanatismo, no entraña placer, sino sufrimiento y esfuerzo.


El guía prototípico que se imagina la gente es alguien que simplemente se ha empollado las guías escritas de lo que va a visitar y se conoce la retahíla de historias y aspectos que le molan al populacho. Un arquitecto sabe del barroco lo poco que se acuerda de lo que estudió con desgana en la asignatura de Historia del arte durante la carrera (eso si no aprobó con chuletas) y en el día a día le preocupa más cumplir con el aislamiento térmico del CTE que el problema de la esquina del dórico. Su interés se vuelca en lo que sale en las revistas (que no suele ser de estética fácil) y como mucho en las guías especializadas de arquitectura, que priman lo contemporáneo sobre lo histórico.

Por eso mi consejo si queréis un guía de verdad, de esos que te enseñan cosas molonas sin peligro de que te rajen visitando unas viviendas sociales del extrarradio, mejor váis con alguien que haya estudiado historia o mejor aún con alguien  que tenga verdadero interés y disfrute de lo que hace, un jubilado.

6 comentarios:

nora dijo...

Ufff ... no te imaginas lo que "disfruté" con mi prima la arquitecta cuando estuve paseando por Kyoto ...
Besitos**

K. dijo...

Pues a mí me han dicho alguna vez que conmigo los viajes son mucho mas interesantes,je, je, aunque también es verdad que esperaban mas explicaciones sobre edificios históricos.
Tampoco me he librado del comentario: '¿hasta aquí hemos venido para ver ESTOOOO?'

mya dijo...

Espera a que le mande un link de esto a Mr. B., he intentado explicárselo pero no lo termina de ver claro.

Qué razón en eso del barroco; con chuletas o los apuntes ajenos debajo de la mesa, que todo vale.

tookalongtime dijo...

Lo podía haber escrito yo. De un viaje con un arquitecto, me acuerdo casi nada de los edificios feos y deprimentes, visitándolos durante un verano caluroso sudamericano, sino el premio que recibí después, una construcción de pura belleza en forma de un helado bien merecido.

José Ignacio dijo...

¿"un arquitecto que no soy yo"?

Biruvito dijo...

@nora, jajaj pobre prima, besitos**

@k., yo creo que depende de los acompañantes

@mya, yo recuerdo una vez que aprobé con tus apuntes debajo del examen jejej

@tookalongtime, hmm un helado, qué rico

@josé ignacio, eso es, tú no eres arquitecto ;)