La mejor película que vi el año pasado no fue la caca pseudoefectista de "origen". Tampoco ninguno de esos truños tan queridos por ellos de leches hollywoodienses sobre personajes de comics o los que ellas prefieren, que suelen ser soporíferos filmes pesadonios o similar con gente que habla sin parar para no acabar diciendo nada. La película que más disfruté con diferencia la ví una noche de diciembre en una reposición de la 2 y se llama "El hombre tranquilo".
Hoy en día sería una película políticamente muy incorrecta: la gente bebe para socializar, el protagonista masculino arrastra a la femenina por el campo y los problemas se acaban solucionando a hostia limpia. Sin embargo, la película destila una moral y un código de honor que han sido la piedra sobre la que se ha fundamentado la sociedad durante muchos años: gentes que se dicen las verdades a la cara, que no tienen miedo a la confrontación y que para demostrar lo que sienten no necesitan estar horas hablando con palabras rebuscadas, lo demuestran con hechos.

2 comentarios:
Y eso por no hablar del simpático lugareño que es del IRA...
@kalrissian, ay éstos lugareños
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