sábado, 26 de septiembre de 2009

galET presenta: Comunicación musical

"El silencio es infinito como el movimiento, no tiene límites. Para mí, los límites los pone la palabra." Marcel Marceau
Se me vino a la memoria la frase de ese entrañable mimo mientras leía este interesante post de nora, con sus alusiones al silencio y la referencia siempre presente que tiene hacia las palabras.
Por otro lado, he recordado la palabra “más sucinta del mundo” según la wiki, y la más difícil de traducir: Mamihlapinatapai. Describe “el acto de buscar o mirar a los ojos de otro, con la esperanza de que el otro inicie lo que ambos desean pero que ninguno tiene el coraje de empezar”. El poder de conceptualización de la palabra nunca me ha dejado de impresionar. 

Pero, ¿qué pasaría si un día, como por arte de magia, nos abandonan las palabras?¿qué pasa si un día deciden irse junto con todas sus representaciones?¿y si un día el ser humano se encuentra incapaz de pronunciar sonido alguno?

Muchos escritores, lingüistas, traductores, tal vez pondrían en alto sus diccionarios y me dirían que nos quedaríamos en un silencioso desierto de incomprensión. Yo diría que no, volcaríamos toda nuestra atención a la música y a la danza para encontrar una solución. Se crearían nuevos sonidos y gestos que emulen a las palabras. Es decir, si lo han logrado los cetáceos, ¿por qué nosotros no?

Pero soñar con un lenguaje musical universal sería pedir a los pueblos que renuncien a su identidad cultural en aras de la comunicación. Tampoco lo veo necesario. Podrían aparecer traductores musicales, quizás lo más cercano que se me ocurre en este momento serían las famosas fusiones. La música desarrollada a su máxima expresión. ¿Escandalizaría esto a los cultores de la “buena música”, cualquiera que esta sea?
¿Sería mucho soñar que un día el Flamenco se comprenda con el Odissi, el Tango con el Buyô, o todos ellos con la Salsa?

Hablando de fusiones, les dejo este video. Es una mezcla entre hip-hop y ritmos andinos. Me gusta por fresco, por ligero, porque se presta para bailar. Dedicada a Biru, aún a riesgo de que me aplique un correctivo por ponerle “mala música”, como respuesta tardía a este post y a su eterna interrogante de cómo puedo tener amigos que escuchan White Stripes ("buena música") mientras yo escucho La bilirrubina.



4 comentarios:

nora dijo...

Yo también pienso que si las palabras nos abandonan algún día, encontraríamos otros caminos para la comunicación y aprenderíamos a valorar cosas que no valoramos cuando hablamos con palabras ...

Y aunque al señor Biruvito no le guste el silencio, creo que a veces es necesario hacer un profundo respiro, para pensar en lo que vamos a decir, y para disfrutar de la comunicación musical :)
Muchísimas gracias por la mención.

Besitos** a los dos.

Kalrissian dijo...

Todo eso del lenguaje musical es muy poético y muy bonito. Toda la comunicación universal hermanada en una colección de melodías. Sin embargo, el lenguaje es un sistema reglado, por lo que esas “palabras” devenidas en música o frases musicales deberían estar estandarizadas. Es decir, que nadie llegaría a la panadería, entonaría los primeros acordes del segundo movimiento de la suite Bergamasque de Debussy, la panadera le daría una barra integral entonando una bagatela de Chopin que significaría “Su barra, gracias, es 1 euro”. Al final todo sería código. Todo serían corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas, dos, res, mis y fas. Perfectamente pautadas. Como el lenguaje de los extraterrestres de Encuentros en la Tercera Fase.
O lo que es peor, ni siquiera eso. Seguro que si nos quedamos sin palabras acudiríamos directamente al morse. Mucho menos poético.

@galET. Por cierto, aún no he recibido el precio del rescate ni una oreja de Birubao ni nada…

galET dijo...

@Kalrissian,
Ya eatás listo para la primera prueba d vida, ;)

Biruvito dijo...

El silencio está bien a veces, sobre todo lo prefiero al sonido de la tele o al del flautista tocando chiquitita, pero no lo tomaría como norma. Mucho mejor la música, no está mal el ritmo andino siglo 21 éste.