martes, 23 de agosto de 2011

'Amos a las barracas

Escrito por Mya.

Estamos en plena Semana Grande, Aste Nagusia para los amigos. Como todos los años me ha tocado llevar a mi madre a las barracas. Una amiga mía de Cádiz les llama los "cacharritos", pero aquí así es como llamamos a las cazuelas y platos de juguete con que se juega a las cocinitas.

Anda que no habré metido yo horas de niña en los autos de choque (ambiente cutre donde los haya), "las sombrillas" o intentando conseguir una muñeca Chochona. El balancé(*) era cosa de adolescentes, para cuando alcancé la edad ya estaba desaparecido por su escasa seguridad. Y a los más peques les encantaba montarse en el coche de bomberos para darle a la campana, y más adelante en los columpios del Tiovivo y que alguien les girases las cadenas para que al empezar a girar y soltarlas empezar a girar en plena rotación, una locura. Qué recuerdos, aquellas canciones poperas de los 70 y 80 dando la matraca una y otra vez, el Voyage Voyage fué la banda sonora de las fiestas de todo un verano.

En todo recinto ferial que se precie tiene que haber una churrería y un puesto de manzanas caramelizadas y nubes de azúcar. Sanísimo todo.

A mí me gusta subir algún día a ver las atracciones de feria, desde las tómbolas hasta la montaña rusa.La parada obligada es siempre la Noria, que ofrece las mejores vista de la ciudad, y casi siempre acabo subida al Saltamontes (Cangurito o como lo quieran llamar).

Incluso llegué a especializarme en un tipo de puestos de tiro, de los de chimbera, en los que hubiera que tirar algo más grande que el dichoso palillo. Anda que no me he sacado yo cosas... varios toros y vacas, un dragón alado, un Mickey, una Betty Boop que se le había antojado a mi madre... Hoy lo he intentado, pero con las pistolas auntomáticas cortas no me apaño.

También estan las tómbolas tipo bingo, en que se ofrecen un montón de artilugios eléctricos de marcas de dudosa calidad y que además imposibles de conseguir. La verdad es que siempre me ha dado la impresión de que eran regalos pretenciosos para gente chunga, hoy tenían unas mini motos a gasolina y equipos de home-cinema, además de las sorprendentes lavadoras o freidoras y microondas. Yo creo que antes tenían cosas un poco más de tirón.




Otra cosa que echo de menos son las super caravanas que se traían los feriantes, aparcaban al lado de la atracción sus mobil-homes super equipadas. Y cuando estabas montado veías la ropa tendida y a los niños gitanos correteando por allí con sus perrillos.

Lo que no me ha gustado nunca son 3 cosas: que me pongan boca abajo, el circo, que me resulta muy triste (estuve una vez de pequeña y tengo un recuerdo entre cutre y siniestro) y la casa de los horrores. Siempre me han espeluznado las mutiladas figuras de exuberantes chicas con las vísceras abiertas colgando de las garras de seres monstruosos.

Eso sí, sales con la cartera temblando seguro, porque en la feria nada es barato.

*El balancé era aquella barquilla cerrada como una jaula, que balanceaba peligrosamente con adolescentes dando tumbos dentro sin ningún tipo de sujección. Apenas tenía unos asientos sin cinturón a los que agarrarse. No he encontrado documentación gráfica del artilugio, será que el nombre oficial era otro.