Últimamente se ha puesto de moda que todo el mundo que salga en la tele tenga que ser requeteguapísimo. Lo entendería si es para presentar un programa de modelos o alguno rollo sábado noche tipo José Luis Moreno en los que hay que lucir cacha para atraer a los viejos, pero ¿en el telediario? ¿Hay que parecer recién salido de un anuncio de champú para dar la noticia de que la bolsa cae en picado?
A mí me molaban los tiempos en los que los periodistas que salían por la tele eran viejunos con pinta de sabérselas todas y haberse bregado en mil batallas. A Rosa María Calaf o Andrés Aberasturi no se la colabas tan fácil, esos tíos habían luchado desde lo más bajo hasta llegar donde estaban y ningún entrevistado listillo se las iba a dar con queso. Pero hoy en día ¿qué coño de credibilidad tienen la Carbonero y compañía? Si esas de lo único que pueden hablar es de cómo trepar rápido a base de hacer favores. ¿Qué clase de experiencia y carácter va a tener una niña pija a la que todo le ha ido rodado en la vida gracias a su palmito? Yo quiero ver periodistas feos llenos de cicatrices que se note que las han pasado putas y han aprendido, no muñequitas parlantes que no saben ni lo que están leyendo en el autocue. Menos carboneras y más aberasturis!!!

1 comentario:
Amen a eso. Y más Rosas Marías Mateos y Luises Carandeles.
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