Niteroi es una ciudad vecina a Rio de Janeiro, que buscaba su icono particular harta de vivir a la sombra de los cariocas. Se lo encargaron a Niemeyer y le salió este platillo volante. El edificio tiene algunas carencias, la ejecución no es muy fina y de cerca se nota en los detalles y acabados, además de que para ser un museo es bastante pequeño y sosainas en el interior. Sin embargo, se le perdona por la gran fuerza formal que tiene y la plasticidad de sus curvas que lo hacen uno de los edificios más estéticos y fotogénicos que he visto en mi vida.
Áltamente recomendable para amantes de apretar el gatillo camaril sin cesar.Amigos de la fotografía si no habéis tomado el ferry a Niteroi ya estáis tardando!
1 comentario:
@platano, el paraiso de tu amor? vaya toalla
Publicar un comentario