martes, 18 de mayo de 2010

Omnipresente Oscar Niemeyer

Si vas a Brasil y te gusta la arquitectura, te vas a hartar de ver edificios de Oscar Niemeyer. Niemeyer en Sao Paulo, Niemeyer en Río de Janeiro, Niemeyer en Niteroi y, por supuesto, Niemeyer en Brasilia. Parece que no haya otro arquitecto brasileño, allí le consideran un semidios y puede que tengan parte de razón, el tío para empezar es casi inmortal porque a sus 103 años sigue firmando edificios y soltando sus paridas de viejo verde sobre las curvas de las mujeres y todas esas chorradas.

Viendo eso, cualquiera diría que es un arquitecto fundamental en la historia de la arquitectura, cuando en realidad casi ni se estudia en las facultades y fuera de Brasil es visto como un formalista sin mucha enjundia. De hecho, no ha creado escuela y como ha dicho muy bien Fernández-Galiano, no existe el Niemeyerismo.


Niemeyer era un arquitecto del montón hasta que llegó Le Corbusier con su varita mágica, y al ver sus dibujos tan chulos, le nombró su discípulo oficial en América Latina. En ese momento el bueno de Oscar vio la luz y se convirtió al movimiento moderno. Después se hizo amigo del alcalde de Belo Horizonte, éste se convirtió en presidente, le dio una ciudad entera para que se la hiciera él solito y el resto es historia. Y a todo esto el tío se ha hinchado a trabajar en plan monopolio para el gobierno y haciendo catedrales para la iglesia, ganando pasta a mansalva mientras se la daba de comunista y elogiaba a Fidel Castro y a Chávez.

En lo arquitectónico, se supone que su toque personal es huir de la línea recta del racionalismo puro y dotarle de la curva, aunque eso me parece un poco de aquella manera porque sus edificios están llenos de líneas ortogonales, salvo algún toque en planta, y además de curvas está llena la historia del siglo XX, sin ir más lejos Alvar Aalto o hasta el Club Náutico de San Sebastián.

Pero bueno, si algo hay que admirar a Niemeyer es su capacidad de venderse, sobre todo entre los legos. Sus historias de las curvas y las mujeres, su manera de explicar sus edificios tan visual son estrategias perfectas que calan en el profano, ya que Oscar Niemeyer es un arquitecto como piensa la gente que no está relacionada con el sector que son los arquitectos: un artista iluminado que tiene visiones que llegan de la nada y le inspiran unos proyectos que son básicamente forma.


No intentes encontrar una explicación compleja que englobe la implantación urbanística, la distribución, las instalaciones, los detalles constructivos o la estructura. Niemeyer es forma pura y dura, y la verdad, es que en ese aspecto lo clava porque como ya he comentado otras veces, no he visto en mi vida edificios más fotogénicos que los suyos. Para lo demás ya tiene a los negros de turno, como el genial ingeniero Cardoso que hizo posible Brasilia, que le resuelven los marrones mundanos mientras él se dedica a cosas más importantes como dejar que le llegue la inspiración.

Si queréis más información sobre el bueno de Oscar aquí tenéis un link de unas charlas sobre él que dio la fundación telefónica con motivo de la exposición que montaron el año pasado en Madrid. La exposición en sí no estaba mal aunque era un poco pequeña, mucho peor que una que vi en Lisboa en el año 2001.

Realmente lo mejor de la exposición fueron las risas que me eché con la señorita Mángeles cotilleando de los blogs y es que me parece que, como dice mi amigo Xabi, me he equivocado de profesión y donde tenía que estar trabajando es el Sálvame Deluxe sacando partido a mi alma de portera.

2 comentarios:

José Ignacio dijo...

Offtopic, pero así es más rápido que por mail: cuando puedas, lee esto:

http://boogiemovie.blogspot.com/2010/05/gracias-amigo-paco-gonzalez.html

Biruvito dijo...

@josé ignacio, jjaja ok